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Avatar bis: Xenogénesis
Avatar. USA. 2009. 162’. De James Cameron. Con Sam Worthington, Zoe Saldana y Sigourney Weaver.
Rastros de manufacturas, plena batalla, naves que sobrevuelan los cielos, caos. “Las máquinas se levantaron desde las cenizas del fuego nuclear; su guerra para exterminar la humanidad, pero la batalla final no será en el futuro, si no en el presente”, o sea, en el eterno presente. La atemporalidad reinará hasta la iniciación del avatar. Así empieza la génesis cameroniana: Terminator (Terminator, 1984). Fundido, se repliega una leyenda que no se termina de entender: la tipografía presenta un cruce entre sus llenos y vacíos, que coinciden como las distintas líneas en el tiempo que se dan en este viaje. Se amplía el plano y se forma la palabra “Terminator”. Donde hay un exterminador (un mal), hay un salvador, y para Cameron todo es dual: en Avatar estarán a los militares y corporaciones por un lado, y a los na’vi y demás humanos comprometidos con su causa por el otro.
En Avatar, los humanos llegan a Pandora dormidos. Sarah Connor en Terminator también está “dormida”, aún no es consciente de que el hijo que llevará en su vientre será el salvador, será John Connor (ese avatar que se está por engendrar). La acción transcurre durante 1984. Reese, protector de Sarah y futuro padre de John, viene del futuro; el salvador aparece en un lugar y tiempo determinado, para cambiar la historia.
En las primeras secuencias de Terminator, el exterminador aparece frente a unos punks, que lo miran por un telescopio: “Algo está fuera de foco” dicen. Lo mismo pasa con Sully al llegar a Pandora: los soldados al ver su discapacidad dicen “Esto está mal”. Hay algo que no pertenece cine que suele estrenarse. Los punks y los soldados -símbolo de lo banal- son ajusticiados: en Avatar en la batalla, en Terminator, el exterminador los golpea, su mano queda envuelta en sangre. Por medio de la sangre se da la conquista. Reese, se prepara para la batalla. Corta su escopeta, está listo para salir a la “jungla”. En Avatar hay una escena similar en donde Jake espera la noche, la llegada de las criaturas, afila un palo, lo convierte en daga, en elemento de acción.
Al igual que la corporación y los militares en Avatar, el exterminador usa la fuerza. En una escena de su búsqueda, se ve un barrio tranquilo, y en profundidad hay una nena y su cuatriciclo, avanzando desde la izquierda de la pantalla; en primer término aparece un juguete, un camioncito. De repente, irrumpe en primer plano la rueda del vehículo que maneja el exterminador, aplasta el juguete y destroza ese símbolo de inocencia. En Avatar, los mulos de la corporación aplastan el árbol sagrado de los na’vi. Es que esta película es una versión potenciada de las inquietudes que planteaba Cameron ya desde el inicio de su carrera. En ambas películas, las batallas son desiguales.
En Terminator hay un uso económico de los recursos técnicos -más enfocados hacia el clasicismo-, pero en Avatar se ven las posibilidades ilimitadas del CGI y el 3D. Las secuencias en donde Sully y Neytiri sobrevuelan los cielos o nadan en los lagos son bellísimas, los atardeceres, como las noches en Pandora. La forma de filmar es la misma, eleva su tradición a otro nivel mediante esta tecnología. En Terminator, el uso de los sintetizadores como banda de sonido a lo Carpenter, la violencia a lo Hill, y la estética apocalíptica del primer George Miller, hacen de la película un resumen de otras obras de la década. En la actualidad, luego de grandes tanques que abusan del CGI -como los productos de la factoría Peter Jackson-, Cameron supo apropiarse de esa tecnología y usarla para su provecho.
En las escenas finales de Terminator Sarah Connor escapa del exterminador, que la persigue en un camión que explota; se ve en profundidad, backproyecting de por medio. Sarah simula, la mentira complota con el espectador. Luego desde los fierros retorcidos, se levanta la máquina, su andar hace gala del stop-motion. Amantes del género fantástico como Cameron -o como lo hizo también en los ochenta Joe Dante-, no se sacan fácil la camiseta, y saben a su vez adaptarse. Avatar es puro 3D y las virtudes de la profundidad de campo que permite. Ahí es cuando este mundo se vuelve nítido, real. Se necesita un punto de vista adecuado para apreciarlo (los anteojos), así como en Pandora los humanos necesitan máscaras para poder respirar. Al finalizar el film, Jake se convierte en na’vi: fundido, la leyenda Avatar, el renacimiento. Títulos: la selva, la vuelta a las raíces. Fin del ciclo y comienza otra vuelta.
Luís Alberto Benedini es alumno de primer año de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica de CIEVYC

Buen conteo y comparaciones de sus pelis. Avatar es una mirada en retrospectiva de su propio camino. La nota evidencia eso.
…veo en vos un potencial, una esperanza dispuesta a crecer progresivamente desde dentro hacia afuera y no al revés; racional y enriquecedor trabajo, FELICITACIONES!!!
Era necesesario tratar al receptor de la nota como a un tonto detallando tan densamente todo? la idea es original pero creo que la pelicula tiene mucho mas que una mera comparacion con obras anteriores del director
La nota habla desde UN SOLO punto de vista, del cual se despliegan varios temas.
El mito, una retrospectiva de la filmografia del propio Cameron y la vuelta al cine de grandes puestas, mas la innovación tecnológica; eso para mi es Avtr.