feb 15, 2011

Enviado en Destacadas, Dossier | 0 Comentarios

Budd Boetticher: Hablar de matar y morir en el intento

Budd Boetticher: Hablar de matar y morir en el intento

TÍTULO ORIGINAL: Comanche Station

PAÏS: Estados Unidos

AÑO: 1960

DURACIÓN: 74 min.
PRODUCTORA: Columbia Pictures
DIRECTOR: Budd Boetticher
GUION: Burt Kennedy
MÚSICA: Mischa Bakaleinikoff
FOTOGRAFIA: Lucien Ballard

INTÉRPRETES: Randolph Scott, Nancy Gates, Claude Akins, Skip Homeier, Richard Rust, Rand Brooks

Sobre el terreno árido, dos sombras se confunden y se vuelven una. De ella emergen dos caballos, uno alto, castaño claro con crin blanca y el otro más bajo, zaino, de cabellera negra. Sobre ellos, dos personajes que apenas se diferencian. Uno será Randolph Scott. El otro, Claude Akins, el malvado y perverso parásito de turno. Tras ellos, otros dos canallas que dudan sobre su futuro como tales y más atrás aun, una mujer, que se vuelve excusa de conversación entre los dos primeros cowboys. De la mujer pasan a hablar del dinero, y del dinero a las maldades que en su nombre se podrían cometer. Tres partes, tres zonas de personajes. La mujer atrás, el malvado adelante. Y el dinero es lo que falta. Sólo con Randolph Scott se puede llegar a él. De ahí que Akins se vuelva un parásito.

Scott compró la libertad de esta mujer blanca a los indios y en el transcurso de su viaje de vuelta se les unen estos otros tres personajes. Akins es el líder de esta banda. Jamás duda de su propósito. Sólo quiere el oro y no importan los medios para alcanzarlo. Si para facilitar su conquista hay que matar a la mujer, ya lo tiene decidido. Si para atravesar el desierto necesita a Scott, ya lo tiene planeado. Si para matarlo hay que esperar, se vuelve paciente.

Es tal la paciencia de Akins, que en una escena en la que tienen que cruzar un río, Scott se ofrece para ir primero. Tanteará el terreno y si está en condiciones podrán pasar todos. El trayecto hasta acá venía acompañado por una música que teñía a la escena del color de la aventura. Cuando Scott empieza a cruzar el río, la cámara se queda en el lugar y se ve a Akins de espaldas y Scott se empieza a alejar. La música se oscurece y un plano se cierra sobre la espalda de Scott, dejando fuera de cuadro al resto. El protagonista mira hacia un costado, casi con la misma duda del espectador por ver si seguían ahí, pero algo le hace volver a mirar hacia adelante. Llega a la orilla, esta vez si mira hacia atrás y les ordena avanzar. Los personajes siguen ahí, deciden cruzar y la aventura continúa.

El personaje de Akins no puede tener a su lado individuos que duden. No le sirven. Uno duda más que el otro e intenta convencerlo de dejar atrás este tipo de vida que llevan para intentar ganársela honradamente. Al menos dudoso, Akins le ordena revisar el bosque para anticiparse a los indios. Luego de un rato aparecerá flotando en el río. Así es como los dos compañeros de Akins mueren. Uno asesinado por los indios, el otro asesinado por él.

El grado de maquinación de Akins es tal que en el momento en que unos indios están atacando a Scott, él sale en su búsqueda y aun cuando sólo le quedaba uno por derribar, Akins aparece para ayudarlo. Es en este momento cuando abiertamente le dice que no habría disfrutado del dinero si los indios acababan con él.

Sin embargo, contra todo pronóstico, termina siendo Scott el que decide deshacerse de Akins. Mientras éste está durmiendo, Scott le sustrae su escopeta y a punta de pistola le ordena que se marche. Ya sabía de los planes de Akins pero aun así lo mantuvo a su lado. También a él le servía. No fue el simple huésped de un parásito. La relación se convirtió en una cooperación entre miembros de una misma especie, pero que ya vencido el principal obstáculo que fueran los indios, no tenía razón de ser. De ahí que Scott decida seguir sólo.

Akins, como en todo el relato, creerá seguir anticipándose a Scott, compartiendo sus planes con el espectador. Aun en el último enfrentamiento con su oponente seguirá hablando, anticipando verbalmente lo que hará, en este caso, intentar dispararle al que habla poco, pero que siempre disparará primero.

Matías Lipartiti es un alumno de segundo año de la carrera de Periodismo y Crítica de CIEVYC

Dejar una respuesta