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Estrenos: Fantasmas charrúas
La casa muda, de Gustavo Hernández. Con Gustavo Alonso y Florencia Colucci. Uruguay, 2010.
Hacía mucho tiempo que no se veía una película de terror sin puteadas. La casa muda es muy humilde, se mueve en una casita perdida en Uruguay y no se aleja demasiado de las reglas del género. Y como subgénero de terror-en-casa, gana en cuanto a espacio no explorado y la falta de luz eléctrica. Jugando continuamente con espejos y linternas en “tiempo real”. Se habla muy poco pero se escucha mucho, un gran trabajo desde el sonido y la música que remite directamente a los pianitos punzantes de Carpenter en Halloween (1978).
Laura y su padre llegan a una casa antigua para refaccionarla y venderla. Llegan al atardecer para pasar la noche y comenzar las obras bien temprano. Cuando se disponen a dormir, los ruidos del piso superior no los dejan. Sube Wilson, su padre, y sólo se escucha un grito. Laura deberá descubrir el pasado que esconde la casa, antes de poder escapar de ella.
(Ojo, hay que quedarse después de los títulos para un final alternativo)
Del guión mejor no hablar, si bien el desenlace es bueno, está lleno de baches inentendibles. Ya desde el trailer, la curiosidad por ver la película se basaba en que “es filmada en una sola toma” y además “hecha con una cámara digital” (y también “basada en una historia real”). Perdonando que no sea verdad, que los cortes se notan y las fuentes de luz a veces se pasan de artificiales, el virtuosismo de la cámara se basa en la cantidad de planos secuencia y la precisión fotográfica de colocar espejos, logrando encuadres llenos de soberbia visual. Aun considerando estos logros, la película sigue siendo chiquita. Y es en ese minimalismo, desde la experimentación, desde el animarse a cosas nuevas, donde el género se hace grande. Desde Alien Abduction: Incident in Lake County (1998) pasando por la española Rec (2007) y la más fresca Paranormal Activity (que nació en 2007 como semillita pero germinó y creció y se convirtió en un repollo en 2009) que el cine de terror continua expandiendo los límites del fuera de campo desde las sensaciones y el efecto de realidad para provocar reacciones. Porque es en el terror donde iluminación, música, sonido, efectos y actuación deben ser un conjunto uniforme para que el pánico sea posible. Si funciona, es una película maravillosa. Más aún alrededor del Río de La Plata, donde pocas veces puede sentirse el terror en un circuito comercial.
Adrián Zorgno es alumno de segundo año de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica de CIEVYC

esta muuuy buena, yo la vi y es recomendada a mi gusto!