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Estrenos: Cizaña de los amores
The Sentimental Engine Slayer. Estados Unidos. 2010. De Omar Rodríguez López. Con Omar Rodríguez López y Tatiana Velazquez.
Así como la ópera prima de Vincent Gallo (Buffalo ’66) está plagada de datos autobiográficos mezclados sutilmente con la ficción, Omar Rodríguez López usa esos mismos elementos en su primogénito cinematográfico. Desde ser una especie de hombre orquesta donde dirige, escribe, compone y protagoniza, hasta situar la totalidad del film en su ciudad natal.
Rodríguez López es Barlam, un joven traumatizado por su resquebrajada historia familiar, que está atrapado en un laberinto de prostitución, narcóticos y autodefinición. Todo pasa en la polvorienta El Paso, Texas, ciudad fronteriza con México. Allí, entre crucifijos, colores chillones y habitantes latinos, se choca con las verdaderas raíces del director, se percibe el tinte autobiográfico que le impregna a The Sentimental Engine Slayer.
Alienado del entorno, observándolo con cierta distancia, Barlam reprime sus deseos de pertenecer construyendo automóviles a escala y evitando la sociabilidad digna del post-adolescente. Pero poco a poco, su hermana adicta, su jefe ambiguo, un cuñado inmaduro y las ansias por armar el rompecabezas familiar, lo llevan a la perdición.
Tal como el progressive rock del talentoso Rodríguez López (recordar su prolífica discografía solista y junto a bandas como At the Drive-In y The Mars Volta), The Sentimental… podría ser un viaje de ácidos tan intenso como el caos en la mente de Barlam. Constantes flashbacks se mezclan con flashforwards, haciéndose así indistinguible la realidad del delirio. A pesar de mirar este film una, dos, tres veces, quedará la eterna duda de ciertos hechos: ¿ha asesinado Barlam al travestido? ¿El coche de sus sueños realmente le pertenece? ¿Qué sucederá cuando se cierre la puerta en aquel final escalofriante? Preguntas que el espectador seguramente se realizará y confusión que, luego, se alivia cuando la narración cobra sentido.
La fatalidad es una constante en la poética manera que posee Rodríguez López de expresar los pensamientos de su personaje: “Sólo me queda el veneno que usé para matar a los que amo” o “Nuestro amor brilla como un cuchillo” mientras observa con deseos reprimidos a Natalia, esa hermana a la que ama en secreto de una manera incestuosa y que ejerce sobre él poder absoluto y suelta su mano cuando debería protegerlo de los males a los que ella lo ha aproximado. Así como la madre de ambos, cuando abandonó el hogar familiar, instaurando en sus hijos una vida a la deriva, repleta de incertidumbre y desorden. De todos modos, esta desidia no influyó en los hermanos de la misma manera: mientras que Natalia calma sus demonios con cocaína, Barlam intenta integrarse al entorno, dejar de ser el marginado fanático de los Mercury Cougar ’67. Aspirar, pues, a convertirse en un cougar (puma) de verdad.
Pero las que parecen soluciones, se transforman en problemas: como concebir la teoría de que ese muchacho idéntico a él puede ser su hermano, el frustrado debut sexual con una prostituta a la que termina acogotando, y seguir el camino de un pseudo-delincuente que asegura que aquella relación carnal con un travesti fue lo mejor que le ha sucedido en su vida.
The Sentimental… se encuentra a merced de la música experimental de Rodríguez López, que explota en el caos, en la confusión, en la tragedia. Guitarras distorsionadas, golpes estruendosos y latidos del corazón acentúan aquella ansiedad que Barlam le confiesa a su padre terapeuta: tener la certeza de que algo malo sucederá es una carga muy pesada para una persona tan frágil.
Carolina Rabello es alumna de primer año de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica de CIEVYC.
