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Quisiera ser grande
Mundo surreal (Sucker punch). De Zack Snyder, con Emily Browning, Vanessa Hudgens y Abbie Cornish. 2011. 110’.
Zack Snyder es un niño, uno muy atrevido. Tiene en sí mismo la anarquía e irresponsabilidad de un Joe Dante en sus más grandes locuras. Su mundo lo obedece, como sus juguetes al niño, como al dueño de la pelota el resto de los chicos: él decide hasta dónde se juega.
Mundo surreal (Sucker punch, 2011) está dentro de estos parámetros. Nos mete en la imaginación de una joven (y en la del perverso Snyder): un universo que por momentos es un despelote.
Su estética va desde la América de los ‘40, hasta la de un de cómic/animé ultra-barroco, pasando por los tiempos de un videoclip (genial soundtrack de “remakes” de temas de Björk, Pixies, The Smiths, Eurythmics, The Beatles, Led Zeppelin, Queen, Iggy Pop, J. Airplane, etc.), y la sensación permanente de estar metido dentro de una consola. En este último punto es donde Mundo surreal ofrece sus mejores armas, las de la meta-textualidad puesta de manifiesto en escena, algo que se ve muy bien en el primer enfrentamiento entre la protagonista y un enorme “monstruo”. Primer momento de choque si se quiere, en donde se nos despeja cualquier duda en cuanto a en qué términos se nos va a mostrar todo: los movimientos de los personajes (los efectos digitales) son los de un videojuego de última generación.
Todo se potencia en este macrocosmos personal. Muchas veces se puede prestar a la confusión, como en El origen (Inception, 2010), donde Nolan explicita desde su megalomanía un universo fragmentado, y todo por una pelea de almacenero. En Mundo surreal lo que pasa dentro de la imaginación de la chica (y afuera), sucede porque la película habla sobre el espectáculo en sí, y sobre los distintos niveles de entretenimiento que hoy en día pueden llegar a saturar y mezclarse con el cine: el videoclip, la publicidad, el comic, los videojuegos. Una apuesta muy jugada y por ende, muchas veces repudiada, como pasa por ejemplo con el cine de Danny Boyle, ya que el uso de la estética de publicidad y videoclip en su caso, sólo empeora la moral de sus films, siempre tan condescendientes en su visión bastante pobre del mundo.
Snyder nos muestra secuencias casi salidas del desprolijo Michael Bay como las capturas de imágenes y ralentis a lo Ritchie/Wachowski, y al igual que estos, el autor se encandila con sus criaturas. La ambición desmedida de este film, está en la cruza de Trío Heroico (Dung fong saam hap, 1993, Johnnie To), con la sci-fi distópica de Fantasmas de Marte (Ghosts of Mars, 2001, John Carpenter), y video-juegos como Warcraft y Resident evil. La película eleva la apuesta que tiempo atrás, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino hicieron con los géneros de explotación. Como ellos, no debe envidiarle nada a John Woo, gran maestro de la parafernalia visual. Sergio Leone, dios supremo de la causa, descansa y observa desde las alturas cómo su legado (la del aparato visual, la del comic barroco, la del tono feísta) sigue dando sus frutos.
La película se encarga de empalagarnos con cuanto cliché de cine de explotación se nos venga a la cabeza. Desde al vamos, nos pone en pantalla a 5 perras estereotipadas, sin ningún destello de humanidad (Emily Browning, la protagonista estelar, interpreta a Baby Doll, una muñeca en todos los sentidos, hasta para actuar), que hacen lo que todos queremos que hagan: matar samuráis gigantes, droides, dragones, orcos, andar en robots enormes, en dispositivo aéreos (“esto se lo dejamos a la asiática, que debe saber manipular la tecnología”), derribar un zeppelín, y cuándo no… matar nazis. “Kill the naatzis” diría Aldo Rayne (Brad Pitt) en Bastardos sin gloria (Inglorius basterds, 2009, Quentin Tarantino). ¿Acaso hay algo más cool que hacer una entrada triunfal para matar nazis con “White rabbit” de Jefferson Airplane (y la cita explícita a “Alicia en el país de las maravillas”)? Sí, hacer una rallentizada entrada triunfal para matar zombies-nazis con “White rabbit” de Jefferson Airplane.
El viejito que la tiene clara (el que dice qué hacer en cada “pantalla” o “wise man” según IMDB -que tranquilamente hubiera interpretado el finado David Carradine-) en un momento mira directo a la cámara y dice: “No escriban con su boca un cheque que no puedan pagar con su trasero”. El autor se hace cargo de esta desproporción, seguro sus convicciones. Estamos hablando de un nene, inocente y desmedido, que quiere llamar la atención de los grandes (los Cameron, los Jackson, los Raimi, etc.).
Como todo niño pícaro que anhela ser grande, se mete en la tarea de hacer algo en lo que no le da el cuero. Pretende contar un “chiste verde”, se confunde, no sabe rematarlo, se pisa y cuenta mal su gracia. Nos quedamos con la impresión de lo bueno que pudo haber sido. La moraleja final, es prueba de esto. Snyder no sabe demostrar emociones, ni contar bien sus historias, pero sí sabe del espectáculo que es el cine.
Luis Alberto Benedini es alumno de 1er año de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica


Buenas escenas de acción, pero por música y temática es una película emo. Son esas que uno quiere defender a muerte pero en el fondo sabe que son flojas. Vos la defendiste bien, aplaudo la nota, pero el final con moraleja que metió Snyder es tan Disney que mis anticuerpos lo rechazaron.
Es verdad, defendí la “causa”. Pero en gral, Snyder no aprueba y se la lleva a Marzo.
Bien la nota che. Pensaba no verla por la estética emo que escupe el film (coincido con el primer comentario), al menos es el sabor que me dejó el trailer; aparte me parece que el exploitation nada tiene que ver con dragones. Snyder, me da la sensación, metió todo (clase b, mitologia, manga) en una licuadora y salió la peli. Alguna día le daré una oportunidad. Y cómo que snyder se lleva todo a marzo? Dawn of the dead es un peliculón chee. Saludos.