may 3, 2011

Enviado en Actualidad, Destacadas, Dossier, Lanzamientos | 4 Comentarios

Especial: “ESTÁS EMPEZANDO A SONAR COMO UNA PELÍCULA DE WES CARPENTER”

Especial: “ESTÁS EMPEZANDO A SONAR COMO UNA PELÍCULA DE WES CARPENTER”

Scream (1996), Scream 2 (1997), Scream 3 (2000).

Director: Wes Craven

Guionista: Kevin Williamson

Actores: Neve Campbell, David Arquette, Courteney Cox y Liev Schreiber.

Los ochenta, la era del videoclub, donde el cine se dedicaba a las personas que más tiempo libre tenían: los adolescentes. Partiendo de ahí, la normativa de cine barato, ágil y sencillo comenzó a ser buen negocio. Superproducción de psychokillers y sus respectivas continuaciones, influenciadas por Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), Peeping tom (Michael Powell, 1960), el giallo (desde Mario Bava a Darío Argento) hasta Halloween (John Carpenter, 1978). Las productoras independientes como Troma, Concorde, Empire o New Line Cinema (mucho antes de El señor de los anillos), fueron las primeras en ver el negocio de películas de rápido rodaje, lo que generó una verdadera fiebre de secuelas/precuelas que aseguraban una taquilla promedio sin la necesidad de ideas nuevas, repitiendo la misma película, lo que las diferencia del cine de explotación.

Los noventa llegarían con el género colapsado, pero inclinándose a un terror más reflexivo y ostracista donde el psicópata acechaba dentro del hogar como La mano que mece la cuna (Curtis Hanson, 1992) o El angel malvado (Joseph Ruben, 1993), cada vez más cerca de lo políticamente correcto, cerrando la década con Sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999) y Blair Witch Project (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) que definirán el futuro del género. Pero el slasher nunca murió, de la mano de Laprechaun (Mark Jones, 1993), Candyman (Bernard Rose, 1992), Sé lo que hicieron el verano pasado (Jim Gillespie, 1997), Species (Roger Donaldson, 1995) y todo lo que haya parodiado Scarry Movie (Keenen Ivory Wayans, 2000). Lo que hicieron Sam Raimi y John Carpenter en ambas décadas merece un capítulo aparte. El giro absoluto lo daría Blair Witch Project sin mostrar algo nuevo para el cine,  pero si para el espectador mainstream, despertó a las grandes productoras que comenzaron a copiar el modelo y a prestar más atención a las producciones independientes y festivales de cine fantástico.

SCREAM

Scream es una película que remite directamente a Carpenter, a Psicosis, y al terror ochentero lleno de asesinos persiguiendo adolescentes calientes de clase media-alta por los suburbios. La saga es una exposición cinéfila llena de citas históricas desde los comienzos del cine hasta el cine contemporáneo, revelando de manera autoconsciente las reglas del género. Si hay un logro dramático en Scream es el de anunciar lo que va a venir y, cuando viene, funciona como si no se hubiera dicho. Randy (Jamie Kennedy) es la conciencia del cine, el que confunde a un nivel psiquiátrico la realidad y la ficción. Es el mentor, el guardián de una sabiduría que lee los tópicos del género que suceden y sucederán. Conoce la simpleza del cine de su generación: “Si lo complicás mucho, perdés al público al que va dirigido”.

Ya desde el cartel oficial de la primera, la conexión con Opera (1987) de Darío Argento es casi un plagio que demuestra la influencia del giallo en el surgimiento de los psichokillers ochenteros y el slasher. Aunque unos años antes había sido Halloween, y muchos más Psicosis, el género italiano suele dejarse de lado entre los que se saben adictos al cine de terror. Es por eso que Craven y Williamson castigan a los cinéfilos light como los asesinos de la primera o los espectadores de la segunda. Una cinefilia light es aquella que nace de la generación VHS y la velocidad de la información, pero que le interesa más el dato cool que el cine mismo. Un ejemplo claro es cuando Tatum alquila una película con Tom Cruise porque si se pone pausa en el momento exacto se puede ver su entrepierna (para los/as interesado/as: All the right moves de Michael Chapman, 1983).  Corresponde a una generación que vive mirando películas por un televisor y todos los ejemplos o metáforas surgen de escenas de películas. Es una generación que a los quince años seguramente vio más cine que sus padres, pero en la caja boba. Como los jóvenes del 2000 que para toda situación de la vida encuentran un capítulo de Los Simpson. Por eso los crímenes funcionan, porque son adolescentes que todo el tiempo están comparando cine y realidad.

Ahí es donde también Scream asume su postura, en la presentación de la pareja protagonista: Billy Loomis (Skeet Ulrich) le cuenta a Sidney (Neve Campbell) que estaba mirando El exorcista (William Friedkin, 1973) editada para TV donde “cortan todas las partes buenas”. Además de considerar a la película una ruptura del terror clásico (donde casi cualquiera puede pasarse por el canal más puritano sin cortes), distancia al aparato receptor del cine. Reforzando la idea con un cameo de Linda Blair haciendo de periodista.
En un gran mural de la escuela, puede verse una cita directa a Cat people (Jacques Tourneur, 1942), película adelantada a su tiempo tanto en estética como en temática, sobre los asesinatos de una mujer con un trauma que le impedía intimar con su marido. Es Tatum la que sugiere a Sidney que tal vez tenga una negación hacia su sexualidad, refiriéndose a que aun es virgen. Y hablando de vírgenes traumados, las relaciones entre Scream y Psicosis son varias: desde un asesino con problemas con su madre (el mismo Billy cita a Norman Bates: “Todos enloquecemos a veces”), hasta el asesinato de la “actriz más famosa” del póster al inicio de la película (Drew Barrymore). Incluso cita a otro gran citador de su generación como Joe Dante, cuando Randy hace un comentario despectivo sobre The Howling (1981). Y también se cita a sí mismo haciendo un cameo como Freddy, el conserje, y poniendo en boca de Casey “sólo vale la pena la uno”, refiriéndose a A Nightmare on Elm street (1984).

Las comparaciones que podrían llegar a unir Psicosis y Halloween son muchas pero se funden por completo en Scream. El apellido del asesino aquí es Loomis, al igual que el psiquiatra de Michael Myers (Donald Pleasence) y al igual que el amante de Marion Crane, Sam (John Gavin). Desde el inicio, cuando los padres de la primera víctima ven los signos de pelea en el living, el padre le dice a su esposa “ve a la casa de los McKenzie”, al igual que Laura (Jamie Lee Curtis) le dice a los niños ante la amenaza de Myers. Y sabiendo que Jamie Lee Curtis es hija de Janet Leigh (unidas por Carpenter en The Fog, 1980), el legado del terror se traduce en la fascinación que Craven tiene por hacer un manual de cine del género de poco más de dos horas. Pero más allá de las citas, propone un juego autoconsciente en dos escenas. Primero, mientras los púberes están muy entretenidos con Halloween, hay un montaje paralelo entre los cuchillazos de la película con el coito que mantienen Sidney y Billy, reflejando la relación que se hace del género entre un cuchillo y un pene. Segundo, la plenitud del cine dentro del cine se genera mientras Kenny y Sidney ven por una pantalla cómo el asesino enmascarado está detrás de Randy, que se distrae mirando Halloween. Mientras los primeros dos gritan “detrás de ti Randy”, Randy grita “detrás de ti Jamie”. Al igual que en la obra de Carpenter, no hay adultos que intervengan, y los que intervienen son inútiles (un policía ridículo, una reportera artera, un padre ausente).

SCREAM II y III

Si la primera entrega de la saga remite más al cine de los 80, las dos películas siguientes intentarán volver a las fuentes del cine mismo. Las reglas de la secuela vuelven a ser explicadas por Randy, que habla pestes de la secuela, estando en una secuela. Pero en la tercera parte se debe volver en el tiempo, a un video que este oráculo dejó para poder entender el presente. Scream II se vale de un cine universitario de los ochenta para crear el marco de la historia pero el motivo, como dice la asesina, es una “old fashion revenge” (“la vieja y querida venganza”). Scream III se introduce en la explosión de los sesenta (desde Roger Corman hasta Jean Rollin y Antonio Margheriti), un pequeño póster de Kiss me deadly (Robert Aldrich, 1955) y con una nostalgia por la vuelta a los estudios, al cine de factoría y a las Hollywood parties que realizaban los productores para conocer actrices, en el sentido bíblico. Incluso hay un gag con Carrie Fisher (más conocida como la Princesa Leia), cuando le dicen que se parece a alguien ella retruca que no, que el papel se lo dieron a la que se acostaba con George Lucas.

Scream II empieza con el estreno de la película sobre los hechos “reales” de los asesinatos de la uno. Con respecto al género, la película comienza con una pareja de africanamericans discutiendo la falta de personas de color en las películas de terror y criticando las reglas del slasher. “Las de terror son un buen juego previo”, frase que pudo ser dicha por Corman tranquilamente. Se presenta en el sistema Stab-o-vision, donde al entrar se regala el disfraz del asesino y un cuchillo fosforescente, un homenaje a los intentos de William Castle y tantos otros por ir más allá de la butaca. Sidney se dedica al teatro griego como terapia, haciendo de Casandra, la castigada por Apolo para que todos la creyeran loca. La primera muerte es en el cine, la última en el teatro. Y en Scream III hay una gran parodia al actors studio con los personajes “reales” acompañados por los actores que los representan en la tercera parte de Stab.

La muerte de Cici (Sarah Michelle Gellar) en Scream II ocurre mientras mira Nosferatu (F. W. Murnau, 1922). La última muerte, en el teatro, habla de su distanciamiento con el cine bajo la cita directa a David W. Griffith. Cuando Sidney toma el hacha, es vista por la asesina por un agujero en la puerta y la subjetiva se realiza con un iris del cine mudo, donde se ve a la protagonista con un hacha, muy similar a la escena del padre hachando la puerta en Intolerancia (1916), también citada por Kubrick en El resplandor (1980).

Wes Craven, licenciado en inglés y psicología en la Universidad de Wheaton y con una master en filosofía y escritura en la Universidad Johns Hopkins, se dedicó a su cátedra y a la vida normal hasta que sintió el llamado del cine. Comenzó como montajista pero no le alcanzaba así que se dedicó a vagar en taxi para mantener a sus hijos hasta que conoció al guionista Kevin Williamson. Juntos, darían origen a esta saga que puso nuevamente al género en un lugar de respeto.

Adrián Zorgno es alumno de segundo año de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica de CIEVYC

  1. Raoul Antonio dice:

    Hermoso titulo, mejor nota. Nunca fui muy seguidor de las “escrim” (ni de Craven) pero… lo de las citas es muy cierto y funcionan mas que bien, le dan demasiado sentido a la película.
    Esto me encanta:

    “…la conexión con Opera (1987) de Darío Argento es casi un plagio que demuestra la influencia del giallo en el surgimiento de los psichokillers ochenteros y el slasher. Aunque unos años antes había sido Halloween, y muchos más Psicosis, el género italiano suele dejarse de lado entre los que se saben adictos al cine de terror. Es por eso que Craven y Williamson castigan a los cinéfilos light como los asesinos de la primera o los espectadores de la segunda. Una cinefilia light es aquella que nace de la generación VHS y la velocidad de la información, pero que le interesa más el dato cool que el cine mismo. Un ejemplo claro es cuando Tatum alquila una película con Tom Cruise porque si se pone pausa en el momento exacto se puede ver su entrepierna (para los/as interesado/as: All the right moves de Michael Chapman, 1983).”

  2. Ernesto Gb dice:

    Pregunta: ¿la saga Scream es buena por ser un homenaje a los films Slayer y por estar repleta de referencias cinéfilas explícitas e implícitas? Creo que todo ese universo creado por Craven es muy interesante pero también creo que con eso solo no alcanza. Buena nota, saludos.

  3. Ernesto: Scream no es una saga que te va a cambiar la vida, más allá de si es buena (que para mí lo es) o no. Creo que la dupla Craven/Williamson habla de una herencia, de un respeto y una cinefilia propia que si se detecta o no, la película funciona de la misma manera en términos de género. Tampoco Craven es un virtuoso de la cámara, salvo en pequeños planos como el de Randy mirando Halloween, sino que supo captar el cine de una generación y a una generación con la cual personas de 20-30 años pueden identificarse.

    Gracias por tu comentario.

  4. Clarisa Diaz dice:

    Men encanto y asombro tu analisis de las pelis de scream. Nuncca habia conocido a alguien que mirara con tanta profundidad las peliculas; me gustaria saber que opinas sobre el genero del terror hoy en dia.
    De nuevo un articulo asombroso..

Dejar una respuesta