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Dossier Caetano:: Un fantasma recorre el Río de la plata: Apuntes sobre la ideología de Caetano en sus cuatro primeros largometrajes
Pizza, birra, faso (Caetano/Stagnaro, 1997), primer largometraje de Caetano, empieza con el plano de la policía en un siniestro. Cámara en mano, imagen sucia, borrosa, oscura. Sale de negro. De repente, en la pantalla se imprime la palabra “Presentan”. Esta secuencia vaticina al espectador las constantes que va a mostrar este director: discriminación, marginalidad, la corrupción del dinero.
El punto de vista simpatiza con el de los marginados, los excluidos, el mundo popular desamparado. Ya no hay una mirada moralizante o tranquilizadora. Esto no quiere decir que no exista una moral en las películas de Caetano, sino que esa moral no corresponde a los códigos de nuestra sociedad. La moral del héroe, en estos casos, es completamente anti-épica, ya que no representa ningún tipo de restauración. Son personajes que tratan de salvarse a sí mismos, pero no intentan cambiar la realidad social. Esto se debe a que no pueden hacerlo. Por más que quisieran, no podrían cambiar nada porque están afuera de la sociedad. Rozan el anarquismo porque para sobrevivir deben actuar en contra de lo socialmente aceptado. En este mundo, sólo sobrevive el más fuerte. La sociedad no es posible porque las instituciones no funcionan. La policía, por ejemplo, se muestra inservible, corrupta, discriminadora. Tampoco la familia se desempeña fructíferamente. El protagonista de Un oso rojo mantiene una tensión constante para estar junto a su hija. Y esos personajes terminan acercándosenos y uniéndonos a ellos, porque Caetano nos hace compartir su mirada. La causa de esa marginalidad es el dinero. “Decile que si no consumen, que se vayan”, dice Enrique en Bolivia. Porque en este mundo el que no tiene plata “se queda afuera”. La pobreza es marginalidad. Por consiguiente, el consumismo (impulsado por el espíritu capitalista) es inclusión social. Pero esa inclusión es imposible de lograr porque el único medio que tienen los personajes de conseguir dinero es delinquiendo, rompiendo con los códigos legales de esa sociedad. Y sólo los que saben jugar el juego permanecen vivos. Por ejemplo, en Un oso rojo, la nena no entiende el juego con las monedas porque es inocente. Sergio tampoco, porque no sabe cómo actuar y mediante qué medios se maneja el dinero. “El oso”, en cambio, lo sabe perfectamente. Finalmente debe irse, porque sabe que la única forma de mantenerse vivo es infringiendo la ley.
A pesar de estar afuera de la sociedad, son personajes que tienen códigos. En Pizza, birra, faso, son los códigos de la calle; en Un oso rojo son los códigos de la cárcel. Si bien esas posturas pueden resultar chocantes para el espectador, e incluso separarlo de los protagonistas, las acciones de estos hombres no son más que el resultado de una sociedad que los excluyó, que los forzó a actuar de esa manera para sobrevivir. Asimismo, también se muestran valores socialmente aceptados: la nobleza de espíritu (Freddy, en Bolivia), la protección de los afectos (“El Oso” en Un oso rojo, y “El cordobés” en Pizza, birra, faso), el coraje y, también, la justicia (Claudio, en Crónica de una fuga, se rehúsa a condenar a otro para salvarse a sí mismo).
Es por eso que los personajes terminan pareciéndonos héroes, o incluso mártires; aunque es difícil utilizar ese término ya que es expreso su ateísmo. “Dios nos tiene abandonados”, dice un personaje de Crónica de una fuga luego de correrse la venda de los ojos. De hecho, en esa película, los personajes rezan porque los militares los obligan. Existe un paralelismo entre la dictadura militar y la religión, es decir, otra dictadura, otra forma de ejercer control sobre la población. Como dijo Marx en «Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel» (1844): “La religión es el opio de los pueblos”.
Se hace presente, además, la ideología socialista del director. También hay una crítica a cierto anarquismo que puedan tener sus personajes. Caetano entiende el anarquismo como no respetar cánones sociales, pero critica al anarquismo sectorizante, individualista y propone, en cambio, la unión del pueblo (“El pueblo unido” decía la bandera roja en Crónica de una fuga, y más tarde: “Estamos peleando todo el tiempo para ver quién tiene la manija”). Además de desunión, Caetano nota un gran etnocentrismo y discriminación que gobierna en el pueblo. En Crónica de una fuga, la dictadura es militar. En sus otras películas, la dictadura es social. Lo importante no es el lugar de procedencia, lo que importa es la clase social (en Bolivia, Freddy y Rosa se reparten las propinas). Bolivia es la película de Caetano dónde más se expone la discriminación. “Se tiene que fijar en la gente de su país, y no tomar gente de afuera”. Más tarde: “Vos también sos una rata. Le das laburo a estos negros de mierda por dos pesos, y a este porque es puto no le das trabajo”. Los diálogos pueden pecar de exagerados, fuertes, pero no de inverosímiles. Y el director nos hace sentir la responsabilidad de ser como esos nefastos personajes. La injuria verbal se termina transformando en física, al punto de que Freddy será asesinado por el simple hecho de no haber nacido en el mismo lugar que el victimario. Y ese victimario también es el espectador. Recordemos que cuando “El oso” dispara, la cámara está dentro del taxi, desde el punto de vista del asesino. No obstante, el director opta por la igualdad entre los personajes, por ejemplo en las posiciones de cámara. Todos los personajes son mostrados en simetría: planos medios y la cámara a la altura de los ojos. Eso hace que exista una relación de equivalencia. Porque Caetano entiende que ese “otro” es uno mismo.
Por último cabe mencionar la evidente crítica al capitalismo. Lo más importante para todos los personajes es tener plata. A cualquier costo, incluso comprometiendo su integridad moral (estafando, robando o incluso matando). Por eso se vive, por eso se muere, y por eso se mata. Dicha crítica llega a su máxima expresión en Crónica de una fuga. No olvidemos que las dictaduras militares en América Latina fueron fogoneadas y bancadas por los EE.UU. para evitar un brote comunista en esta zona.
Caetano es, como mínimo, simpatizante de Independiente. Todo el tiempo hay cosas que hacen referencia al club (cuadros, banderines, gorros), y este no es un dato menor. Eso también es un indicio de su ideología. Más allá del color rojo, que remite al comunismo, cabe mencionar que ese equipo de futbol, entre otros (como El porvenir, o Arsenal de Sarandí), fue fundado por inmigrantes que llegaban al país con ideas socialistas traídas de Europa. Eran gente militante. Y la militancia es importante. En Pizza, birra, faso, Caetano imprime su voz en la de un profeta y grita: “Hay que luchar para vencer, hay que luchar para tener victoria”.
Romina Quevedo es alumna de segundo año de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica de CIEVYC
