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Entrevista a Tony Panero
Uno de los realizadores más prolíficos y multifacéticos del cine independiente argentino, trabajó detrás de cámara en lugares disímiles que van desde electricidad hasta la dirección y los FX’s. Con muchos proyectos a sus espaldas y más por venir, Tony Panero, “El Roger Corman argentino”, nos cuenta su incursión en el cine porno y nos muestra su visión de él.
¿De dónde surge tu interés en filmar cine porno?
Yo creo que cuando te metés en algo no hay una razón, hay muchas razones. Entre otras, una es la pulsión sexual que yo siempre sentí. Desde chico fui un tipo sexualmente muy ávido. Mi primer recuerdo es ver Híperhumor con Yuyito González, Monumental Moria a los 4 años. Después hay otra realidad: antes de hacer porno no miraba porno, miraba erotismo. Tinto Brass o películas clase B con Shannon Tweed. Siempre me llamó la atención qué pasaba detrás del porno (no es casual que cuando hago una película, muestro mucho qué pasa detrás de escena). Me preguntaba, “¿Cómo debe ser ese mundo?”. Pero la película porno en sí, me aburría. El cine erótico me parecía más interesante. Había sensualidad, había misterio. La otra razón es que yo arranco en el 98 haciendo cortos. Del 98 hasta el 2004 estuve haciendo mucho cine independiente, videoclips, publicidad, producción…. Hasta que a finales del 2004 me harté de todo eso. Me peleé con un productor que no sabía nada pero manejaba muchos artistas conocidos. Y ahí corté relación con todo ese mundo y estuve un par de meses sin hacer nada. Estuve hiendo otras cosas, como docencia (fui profesor adjunto en el Cievyc), sólo en las mesas examinadoras, nunca quise agarrar una cátedra porque quería filmar. No podía comprometerme a dar clases. Me fijé en la web de Cine Nacional y necesitaban gente para trabajar detrás de cámara en una película porno. Mandé el currículum, me llamaron al toque. Me encontré con dos chabones que tenían plata pero no tenían el menor criterio. Les dije “Podemos hacer la película. Lo único que necesito es la plata. Seamos socios.” Me dijeron “Bueno”, y creamos una sociedad que se llamó “El Toro XXX”, que fue mi primera productora. Me metí entre tantos otros motivos porque estaba sin laburo y quería hacer algo en cine. Así es cómo ingresé al porno: por pervertido, por cineasta y porque no había laburo.
¿Tenés algún referente a la hora de filmar?
Me gusta lo que hacía Gerard Damiano en los 70. Y fuera de eso no hay directores que me llamen la atención dentro del porno. Quizá sí dentro del erotismo. Me gusta mucho Tinto Brass.
¿Te interesaría filmar erotismo?
Hoy no. Hoy mi cabeza está en hacer cine documental. Cuando empecé a estudiar cine quería hacer ficción. Pero con el tiempo fui mutando. Si bien en el porno me metí de casualidad -porque nunca fue mi sueño ser director de cine porno-, me enganché y me di cuenta que tenía facilidad para transmitir a la gente lo que quería, y siempre tuve muy claro a la hora de filmar sexo, cómo iba a filmarlo. Pero creo que tiene que ver con algo que uno lleva incorporado. Vos podés ver cómo es una persona a través de lo que filma. No hace falta conocer a Scorsese para darse cuenta de que es un apasionado, no hace falta conocer a Kubrik para saber que era un obsesivo, no hace falta conocer a Tarantino para darse cuenta de que es un egocéntrico narcisista y caprichoso, o a Maytland[1] para saber que es un tipo rancio, tosco y bruto. Eso lo veo en sus películas.
¿Cómo repercutió el porno amateur, y la creación de sitios web como Poringa y Youporn en lo que hacés?
En la Argentina no hay industria. Pero a nivel mundial decayó mucho. Sobre todo desde la crisis financiera del 2008 en adelante. El porno fue negocio hasta mediados de 2007. A partir del 2008 se fue todo a la mierda. En ese entonces facturaba 10 veces más con mis películas que hoy. La única forma de subsistencia es la diversificación, y dentro de la diversificación encontrás la manera de pegarla con algo. Lo que pasa es que para eso tenés que tener ciertas ganas y cierta energía. La mayor parte de la gente que hace porno acá, ha muerto en el intento. Muchos se han metido dos o tres películas en el bolsillo porque no las han podido vender. Hay que tener la capacidad de crear la necesidad de consumir el producto. Se vende más afuera. El argentino consume porno pero no lo paga.
El porno es un género muy bastardeado, tanto que casi no se lo considera cine. ¿Es así o hay algo más detrás de este género?
Por supuesto que hay algo más. Es como todo, depende del director, del productor y de la gente que esté detrás de cámara. Si se van a juntar cinco ineptos a hacer una película, va a ser una película de cinco ineptos. Si se va a juntar gente que realmente piensa y siente el cine, y trata de hacer algo bueno, va a salir algo bueno, o un intento de algo bueno. Porque muchas veces las cosas no salen como vos las querés hacer. Desde que pensás la idea hasta que la concretás te pasan diez millones de cosas. Una prueba de lo que te digo son las películas de César Jones[2] . Sus películas tienen una estructura muy sólida, tienen un relato y tienen diálogos inteligentes. Por ahí hay falencias de otro tipo, pero hay una intención de contarte algo interesante. Yo trato de que mis películas tengan una mirada personal, que tengan mi impronta. Yo hago porno con total honestidad. No me oculto. La mayoría de la gente que hace porno lo hace con cierto desdén, yo no. Yo lo hago con placer, con orgullo y no me molesta para nada.
Hoy por hoy el sexo en el cine está completamente naturalizado con películas como No strings attached o Friends with benefits, pareciera que lo tabú no es el sexo en sí, sino la imagen del sexo.
La década del 20 fue totalmente liberal y sexual, hasta que llegó el Código Hays en los 30, y la sociedad se volvió completamente pacata. El punto más alto de esa pacatería fue en los 50 y EE.UU. siempre movió los hilos por ser la primera economía mundial, entonces por más que un director quisiera hacer algo subido de tono, no lo iban a poder distribuir por la censura del código. A partir de los 60 se vuelve cada vez más liberal la sociedad, había nudies, dónde se veían topless y chicas en bikini. En 1967 baja el Código Hays e inmediatamente en Dinamarca aprueban el porno. En 1971 lo aprueban en EE.UU. O sea, el porno deja de ser ilegal para convertirse en algo legal. A mi me gusta mucho el cine de los 70, porque fue una época de total libertad. Existen razones económicas por las cuales el código cae: tenemos un avance de la TV muy grande a partir de mediados de los 50 que se fue comiendo al cine, los estudios de Hollywood estaban fundidos. Necesitaban generar nuevos contenidos para atraer al espectador. De ahí nace todo el cine de terror trash, los documentales Mondo, y las películas más interesantes. El padrino, Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, La guerra de las galaxias, Taxi driver… Las películas más jugadas nacen en los 70 porque los estudios, al estar fundidos, dejan todo en manos de los directores, tipos como Coppola, Scorsese, Kubrick, Spielberg, que empiezan a hacer reflotar la industria. Y acá no se vio porque estábamos metidos en la dictadura. Acá el destape surge en los 80, con la democracia. Todo lo que se muestra tiene que ver con un mayor flujo de contenido de medios. Al haber más información, cada vez es más difícil frenar esa información. En los 80 ya había cines porno, empiezan a llegar revistas como “Playboy” y “Libre”, aparecen series como Hiperhumor, el cine de Olmedo… y en el 90 es el auge del cable con canales que pasan contenido erótico como Cinemax, HBO o I-Sat. Además de los documentales Real sex, aparece el canal Venus y Playbloy. Del 2001 para acá empieza el quilombo. No sólo es el auge de Internet, sino que salen todos esos programas de chimentos, en los que lo único que vemos son prostitutas en cámara peleándose por un montón de cosas, diciendo que se acostaron con no sé quién, en pelotas a las 3 de la tarde. Entonces, ahora, eso está naturalizado. Ya es normal, porque el caudal de información sexual es cada vez mayor.
¿Tenés algún proyecto fuera del porno?
Como director tengo pensado un documental. Pero también hago otras cosas. Hago jefatura de producción, backstage, efectos especiales, grip… Soy medio camaleónico en ese sentido. Me manejo muy bien en todo lo que es producción y cámara.
Voy a coproducir otro proyecto con mi amigo Carlos de la Fuente. Es sobre un superhéroe argentino medio trucho. Después está Limbo, una coproducción entre Francia, EE.UU. y Suiza, dónde voy a estar como jefe de producción. Esa la va a dirigir Iván Noel, con quien ya había trabajado en Vuelve, que está por salir. Limbo es una historia de vampiros. Va a ser una movida de producción interesantísima. Otro proyecto que tengo se llama Container. Ahí me contrataron para actuar y para producirla. Es un proyecto que lo va dirigir Federico Tarántola, un artista under amigo mío. Y en noviembre estoy por empezar una miniserie financiada por el INCAA, sobre Rodolfo Walsh. Es una puesta copada: 13 capítulos, de época, filmada a cuatro cámaras HD. Son proyectos muy distintos uno del otro. O sea, no le hago asco a nada. Si no hago algo es porque la historia va contra mis convicciones o porque no soporto a la gente que tengo alrededor. Pero el cine lo disfruto, y todo proyecto que pueda salir, bienvenido sea.
Entrevista: Romina Quevedo egresada de la carrera de Periodismo y Crítica Cinematográfica de CIEVYC
[1] Roberto Sena, más conocido por su nombre artístico Victor Maytland. Director de cine porno argentino. El humor y lo bizarro caracterizan sus producciones.
[2] Director argentino de cine porno reconocido por el tinte intelectual de sus películas.

